
Las elecciones que se inician el próximo domingo no son lo que deberían ser. En el pasado, ese ejercicio democrático era la oportunidad de ajustar el rumbo, darles espacio a nuevas ideas, permitir la resolución de los conflictos entre diferentes visiones de país.
Sin embargo, en el 2026 el proceso electoral tiene un carácter muy distinto a las ocasiones anteriores. El presidente Petro y el Pacto Histórico ven estas elecciones como el asalto final a la democracia. Desde la Casa de Nariño y desde el Ministerio del Interior se ha fraguado una estrategia para garantizar a toda costa una victoria decisiva que les permitirá consolidar y perpetuar su modelo estatista y autoritario.
Petro y su gabinete se han brincado todos los fundamentos legales y constitucionales que impiden explícitamente la participación en política del primer mandatario y de todos los funcionarios públicos. Es tan protuberante la violación a las garantías electorales a cargo de Petro y sus muchachos, que Iván Cepeda no ha tenido que hacer campaña. El candidato del Pacto Histórico va en coche porque el presidente y sus funcionarios andan dedicados al proselitismo con plata del erario público.
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