
Las conversaciones públicas y privadas de los últimos días giran, inevitablemente, en torno a las elecciones de mayo. Debo decir que me sorprende oír a personas de centro e incluso de centroizquierda decir, sin sonrojarse, que votarán por Paloma Valencia.
“Es el menor de los males”, dijo uno de mis interlocutores del fin de semana. Y volvemos a lo de siempre. En Colombia seguimos votando en contra. No votamos por convicción, sino solo para evitar que llegue al poder algo peor. Aquí no elegimos: rechazamos.
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