
¿Solo humo?: las verdaderas razones detrás del cambio de sede de la posesión de Abelardo de la Espriella
Abelardo de la Espriella eligió a Cali como sede de su posesión presidencial | Crédito: CAMBIO
El presidente electo aseguró que el traslado de la ceremonia de Popayán a Cali obedeció a las afectaciones del aeropuerto Guillermo León Valencia por la actividad del volcán Puracé. Sin embargo, CAMBIO conoció que la decisión también fue motivada por problemas logísticos, serias alertas de seguridad y la estrategia del Gobierno entrante para evitar una nueva derrota en el Congreso.
Por: Jonathan Beltrán
Desde la noche de su victoria en las urnas, Abelardo de la Espriella convirtió su posesión presidencial en una declaración política. Respaldado por la votación más alta registrada para un presidente en la historia, anunció que rompería con la tradición de jurar el cargo en el Capitolio y que recibiría la banda presidencial en una guarnición militar. Durante semanas, esa apuesta dominó la agenda nacional y provocó un fuerte pulso con el Congreso. Sin embargo, cuando la cuenta regresiva para el 7 de agosto entraba en su recta final, el libreto del día más importante de su vida pública cambió por completo.
Desde la biblioteca personal que convirtió en el despacho habitual de sus alocuciones, en la noche del pasado domingo el abogado confirmó que desistiría de su idea de hacer la ceremonia de transmisión de mando en una instalación militar en Cauca. Entre tomos de Derecho, el líder de Defensores de la Patria sostuvo que el responsable oficial del cambio de planes a última hora sería el volcán Puracé.
Sin embargo, detrás de las columnas de humo provenientes del Puracé hay mucho más que ceniza expulsada a más de 4.650 metros de altura. CAMBIO conoció que, más allá de la emergencia natural, el Gobierno entrante enfrentó una tormenta perfecta de problemas logísticos, graves alertas de seguridad y disputas políticas en el Congreso que obligaron a De la Espriella a dar un golpe de timón y recalcular la ruta de su posesión hacia la capital del Valle del Cauca.
La apuesta de De la Espriella por evitar una nueva erupción en el Congreso
El mandatario electo perdió su primera batalla en el Capitolio con la elección de Honorio Henríquez como presidente del Senado sobre Alfredo Deluque, el amigo personal que buscaba ubicar en el cargo más importante del Legislativo. Por eso, el gabinete entrante estaba decidido a evitar que el trámite de la proposición para dar luz verde a la ceremonia fuera de Bogotá se convirtiera en una nueva derrota que opacara su llegada a la Casa de Nariño.

Tras el revés en la conformación de las mesas directivas, el nuevo Gobierno superó su segundo examen en el Congreso luego de que el Senado aprobara con 55 votos la proposición que autorizó realizar la posesión fuera de sus instalaciones. Sin embargo, la victoria dejó un sabor agridulce: el respaldo inicial no fue suficiente para cumplir su promesa de recibir la banda presidencial en una guarnición militar.
La senadora Jennifer Pedraza radicó una nueva proposición para autorizar que la transmisión de mando se realizara fuera del Congreso, pero con una condición que desbarataba el plan original de De la Espriella: que la ceremonia solo pudiera celebrarse en un escenario de carácter civil. La iniciativa empezó a ganar respaldo incluso entre congresistas de partidos cercanos al presidente electo y, ante la falta de votos para hundir la propuesta, la coalición oficialista optó por romper el quórum y aplazar la definición.

Detrás de esa maniobra había un temor que iba más allá del trámite legislativo. En diálogo con CAMBIO, congresistas de Salvación Nacional reconocieron que las críticas de figuras como Rafael Nieto Loaiza amenazaban con abrir una fuga de votos dentro de los partidos que respaldaban al presidente electo. Si esa fractura se consolidaba, el nuevo Gobierno corría el riesgo de no alcanzar los 52 apoyos necesarios para autorizar una posesión en una instalación de la fuerza pública.
Con ese escenario sobre la mesa, el Gobierno entrante optó por evitar un nuevo pulso en el Capitolio. Una de las razones que llevó al mandatario electo a desistir de su idea de posesionarse en el Cauca fue no exponer a su naciente coalición a otra votación incierta que pudiera profundizar las fisuras internas y golpear la imagen de gobernabilidad que busca mantener para las primeras tres grandes apuestas de su administración: el Plan Nacional de Desarrollo, el Presupuesto General de la Nación y la reforma tributaria.
El aeropuerto de Popayán y la pista que se quedó corta para el 7 de agosto
Si el Congreso representaba un desafío político, el aeropuerto Guillermo León Valencia planteaba uno logístico. Una fuente de la Aeronáutica Civil le dijo a CAMBIO que desde semanas atrás había dudas sobre la capacidad de la terminal para soportar una operación aérea del tamaño que exige una posesión presidencial. El problema no era un vuelo en particular, sino la llegada casi simultánea de decenas de aeronaves oficiales, delegaciones internacionales y centenares de funcionarios.

La propia Gobernación del Cauca ha reconocido que el aeropuerto de Popayán está diseñado para recibir aeronaves de pequeño y mediano alcance destinadas a vuelos regionales y nacionales. Una ceremonia de transmisión de mando, sin embargo, implica una operación completamente distinta. Solo para dimensionar el reto, en la posesión de Gustavo Petro, en 2022, asistieron el rey de España, nueve jefes de Estado, cuatro vicepresidentes y nueve cancilleres, además de decenas de miembros de delegaciones oficiales.
Un piloto comercial con experiencia en operaciones nacionales e internacionales le explicó a este medio que el principal desafío está en las limitaciones operativas de la terminal. "No basta con que un avión pueda aterrizar. Hay que revisar la longitud de la pista, el peso de la aeronave, la cantidad de combustible que transporta, la altitud del aeropuerto, el espacio disponible para estacionarla y la capacidad para atender varias operaciones al mismo tiempo", afirmó.

Esas limitaciones cobran especial relevancia cuando se trata de las aeronaves en las que suelen desplazarse los delegados internacionales que podrían asistir a la ceremonia. El secretario de Estado Marco Rubio viaja habitualmente en un Boeing C-32A —la versión militar del Boeing 757—; Nayib Bukele, en un Gulfstream V; y Javier Milei, en un Boeing 757-256. Por sus dimensiones, peso y autonomía, estas aeronaves requieren mayores márgenes operacionales e infraestructura especializada.
A ese despliegue internacional habría que sumar el traslado de los 292 congresistas, sus unidades de trabajo legislativo, los equipos de protocolo y los esquemas de seguridad que acompañan una ceremonia de Estado. Una de las alternativas era que las delegaciones aterrizaran en Cali y completaran por tierra el recorrido hasta Popayán. Sin embargo, las afectaciones en varios tramos de la vía Panamericana y las persistentes alertas de seguridad sobre ese corredor llevaron a descartar esa alternativa.
El aeropuerto, que lleva el nombre del expresidente y abuelo de Paloma Valencia, recibe regularmente aeronaves como los Airbus A320 que operan las principales aerolíneas del país. Sin embargo, la plataforma tendría capacidad para atender apenas a unos cinco aviones de gran porte sin afectar la operación comercial, por lo que una de las alternativas habría sido pedir a algunas delegaciones que llegaran en aeronaves de menor envergadura, una opción difícil de conciliar con los protocolos de seguridad y logística de los jefes de Estado.
Las graves alertas de seguridad que cambiaron el libreto de la posesión
Mientras el debate público se concentraba en el volcán Puracé, en los despachos de inteligencia circulaban reportes mucho más inquietantes. CAMBIO conoció información reservada en donde se advertía sobre un presunto plan del Frente Carlos Patiño, una de las estructuras de las disidencias de las Farc al mando de 'Iván Mordisco', para ejecutar acciones terroristas en Popayán entre el jueves 6 y el viernes 7 de agosto.

Los reportes de equipos de inteligencia señalaban que la estructura armada pretendía utilizar drones para realizar labores de reconocimiento sobre los escenarios previstos para la transmisión de mando. El objetivo era identificar los movimientos de las delegaciones oficiales, seguir los recorridos desde el aeropuerto Guillermo León Valencia y ubicar los puntos de mayor concentración de personas durante los actos protocolarios.
Los informes también advertían que, una vez identificados esos objetivos, el Frente Carlos Patiño evaluaba emplear drones de alta tecnología equipados con sensores térmicos para lanzar cargas explosivas contra vehículos o asistentes a la ceremonia. Aunque se trataba de un escenario de riesgo construido por los organismos de inteligencia, las alertas elevaron el nivel de preocupación de las autoridades.

A ese panorama se sumó un episodio que terminó de encender las alarmas. Hace menos de una semana, el Ejército detectó e inhibió un dron que sería utilizado para atacar un helicóptero en el Cantón Militar General José Hilario López, una de las instalaciones que el Gobierno entrante evaluó para realizar la posesión presidencial en Popayán. El dispositivo fue neutralizado antes de que pudiera ser detonado, pero el hallazgo motivó también la necesidad de trasladar la posesión presidencial a Cali.
El riesgo de una posesión marcada por el choque con Gustavo Petro
En las filas del Gobierno entrante también existía otro frente de incertidumbre. Desde finales de julio, Gustavo Petro fue enfático en que, mientras siguiera siendo presidente y comandante supremo de las Fuerzas Militares, no autorizaría que una guarnición militar se preparara para la posesión de un funcionario del poder civil. "No deben alistar ni una silla", ordenó públicamente.

Ese pulso recordó un episodio que marcó el inicio del actual Gobierno. El 7 de agosto de 2022, Iván Duque se negó a trasladar la espada de Simón Bolívar a la ceremonia de posesión, pese a que Petro lo había solicitado antes de asumir el cargo. Solo después de que el nuevo presidente recibió la banda presidencial y se convirtió en comandante supremo de las Fuerzas Militares pudo ordenar que la espada fuera llevada a la Plaza de Bolívar, en uno de los momentos más simbólicos de esa jornada.
Congresistas de la bancada oficialista consultados por CAMBIO explicaron que la controversia del próximo 7 de agosto podría desatar un nuevo pulso institucional. Si el jefe de Estado mantenía su negativa hasta el último segundo de su mandato, la preparación de la ceremonia en una guarnición militar quedaría en un limbo logístico y administrativo.
Para el equipo de De la Espriella, ese escenario implicaba el riesgo de que el primer acto de su Gobierno terminara eclipsado por una confrontación con su antecesor. Por eso, trasladar la ceremonia a Cali también representó una forma de reducir la posibilidad de un desplante en el inicio del nuevo mandato y, al mismo tiempo, una alternativa para resolver varios de los obstáculos que habían rodeado la apuesta inicial en el Cauca.
Entre humo y cenizas: el alcance de la versión oficial sobre el cambio de sede

Más allá de las discusiones políticas que rodearon la decisión, el volcán Puracé sí atraviesa un periodo de especial vigilancia. Cristian Santacoloma, coordinador del Observatorio Vulcanológico de Popayán, explicó que los instrumentos de monitoreo continúan registrando un comportamiento inusual, marcado por un aumento significativo de la sismicidad y por emisiones de ceniza que han alcanzado hasta 2.100 metros sobre la superficie del cráter.
El cráter del volcán, que hace parte de la cadena volcánica de Los Coconucos, está ubicado a unos 26 kilómetros de la capital del Cauca y sus emisiones de ceniza podrían afectar una operación aérea de gran escala, al comprometer los motores de las aeronaves, reducir la visibilidad y obligar a restringir vuelos programados para la posesión presidencial.

Desde la Aerocivil confirmaron a CAMBIO que las operaciones del aeropuerto Guillermo León Valencia se mantienen con fuertes restricciones mientras se evalúan las condiciones de seguridad aérea. Esa situación terminó convirtiendo al Puracé en la explicación definitiva para un cambio de planes que, además de responder a la emergencia natural, le permitió al Gobierno entrante sortear obstáculos como las exigencias de delegaciones internacionales, las alertas de seguridad y el riesgo de nuevos pulsos o desplantes con el Congreso y el presidente Petro.
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