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Edna Bonilla
Puntos de vista

La UN, la universidad de las oportunidades

Hace unas semanas tuve una de las clases más conmovedoras que he vivido en mis muchos años como profesora en la Universidad Nacional (UN). Son casi 50 estudiantes y quise indagar las razones por las que ellos y ellas decidieron ingresar a la carrera que cursan actualmente, y conocer por qué estudian en la Nacional. Las historias de vida que se develaron en ese salón fueron apasionantes, vibrantes y profundas. Desde ese día no he podido desligar la ilusión de cada estudiante con la frustración que siento por lo que se está viviendo en la Universidad, que amenaza su institucionalidad y autonomía, y que está comprometiendo su futuro de manera negativa.

Uno de los primeros relatos (y el más común), es el de “si no ingresaba a la Universidad Nacional no hubiera podido estudiar en ninguna otra universidad. Era mi única oportunidad”. Otro: “Estudié en un colegio público en el que casi nadie hablaba de universidades y mucho menos sus egresados ingresaban después a la universidad. Un profesor me regaló un libro y me habló de la Nacional. Decidí presentarme, sin ninguna esperanza y fui admitido”. Su relato nos permite valorar el papel fundamental de un maestro o maestra. Ellos son inspiración pura. Otro estudiante: “En mi pueblo, no había universidades de calidad. Mi familia me animó a presentarme a la Universidad y pasé”.

No faltó el estudiante que habiéndose graduado de un colegio privado importante, su familia tuvo una crisis económica y no le quedaba más alternativa que la universidad pública. Una de las estudiantes quedó embarazada y tuvo que decidir entre sus hijos o seguir estudiando. Después de casi 30 años regresó a la Universidad Nacional y hoy está terminando su carrera. O las chicas (tres en el curso) que querían ser músicas y, por diversas razones, hoy estudian carreras relacionadas con las ciencias económicas. O el estudiante que tuvo la disyuntiva de ingresar a una universidad privada con el programa Ser Pilo Paga y, finalmente, optó por la Universidad Nacional. No falta aquel o aquella que tuvo una fuerte presión familiar para ser administrador, economista, contador, ingeniero o abogado. O la chica que fue la mejor estudiante en su municipio, en el que no hay ninguna universidad y tuvo que llegar a la fría, distante y muchas veces hostil Bogotá, sin conocer a nadie. La ciudad fue dura con ella. Son casi 50 historias de vida, de los estudiantes y, a través de ellos, de sus familias. En todas sin excepción, la educación y en particular, la Universidad Nacional les ha cambiado la vida. Muchos de ellos son la primera persona de su familia en acceder a la educación superior. Son conscientes de la responsabilidad que tienen. Casi todos hablaron de sus familias.

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