
“Estoy pidiendo que me tomen en serio, estoy pidiendo dignidad”: la historia de Melisa Gaona, la joven que pidió la eutanasia por el insoportable sufrimiento de la endometriosis
Por los últimos 20 años, Melisa Gaona ha sufrido de intensos dolores abdominales. Con el pasar del tiempo, diagnosticada con endometriosis severa, con síndromes de adherencia y vesical doloroso y estreñimiento crónico, el sufrimiento se ha hecho insoportable. Acá la historia de la joven de 25 años que pidió la eutanasia.
La vida de la joven de 25 años Melisa Gaona ha tenido un patrón implacable y consistente: el dolor. El sufrimiento empezó a los cinco años a través del vómito constante y el intenso dolor abdominal. A los diez, cuando le llegó la primera menstruación, los dolores eran tan intensos que se desmayaba. Su adolescencia tuvo como pauta las hospitalizaciones y el estigma de la enfermedad mental y la hipocondría. “Nadie me creía y fueron muchos los doctores que han dicho que todo está en mi cabeza”, le dijo a CAMBIO desde la clínica en donde actualmente está hospitalizada.
Con los años, los síntomas se agudizaron: inflamación abdominal, dificultad para orinar, estreñimiento severo, vómitos constantes. Entre el 2021 y el 2024 fue operada siete veces. A pesar de los múltiples procedimientos y un extenso espectro de medicamentos –incluidos los opioides–, Melisa acusa que, lejos de cesar, el dolor se intensifica.
Al estrés físico, emocional y psicológico se le suma el maltrato que dice haber recibido en las múltiples clínicas a las que ha acudido en busca de ayuda profesional y en donde su insoportable vivencia del dolor crónico ha sido minimizada y atribuida a trastornos psicológicos.
Desespero, viralidad y eutanasia
Para palear el dolor, hasta los 20 años planificó con el método de Jadelle –de larga duración y que se inserta debajo del brazo para liberar hormonas que previenen la ovulación–. Lo abandonó en el 2020, según nos dijo, porque fue una de las causas del derrame cerebral transitorio que sufrió ese año y que le implicó otra hospitalización prolongada y aprender a caminar de nuevo. Dejar de planificar volvió a disparar los síntomas con severidad.
El año pasado, después de estar internada tres meses, en respuesta a la decisión médica de darle de alta sin ninguna respuesta o plan de acción para aliviar el dolor, emprendió una campaña en redes sociales que se hizo viral gracias a la participación del youtubero Brayan Mantilla –conocido como El Brayan–.
El ruido que generó la denuncia pública fue eficaz y la clínica que la atendió dispuso que un equipo médico le practicara otro procedimiento más para buscar la causa de sus síntomas y padecimientos. El diagnóstico arrojó que el colón de Melisa estaba pegado a la matriz, a una trompa de falopio –que perdió–, a un ovario y a los intestinos. Endometriosis severa con síndromes de adherencia y vesical doloroso y estreñimiento crónico fue el diagnóstico médico que le dieron.
En los últimos días, otra vez hospitalizada, presa de intenso dolor y sin alternativas en el horizonte, su caso se volvió a hacer viral porque contó públicamente, a través de Instagram, que escribió una carta pidiendo la eutanasia.

En la carta –que CAMBIO conoció–, Gaona argumenta que además de padecer una enfermedad crónica e incurable que le produce el más alto dolor, las restricciones inherentes a esta la privan de llevar una vida digna. "A pesar de los tratamientos médicos, quirúrgicos, hospitalizaciones recurrentes y múltiples manejos para el dolor, que incluyen bloqueos, medicina alternativa, psicología, fisioterapia pélvica, analgésicos de alta potencia y controles con especialistas, el dolor pélvico crónico persiste, cada vez es menos tolerable, y me impide realizar actividades cotidianas básicas como comer, orinar, defecar, dormir, lo cual está deteriorando gravemente mi bienestar emocional, social y físico y me impide llevar una vida digna", escribió.
Mi edad no borra mi sufrimiento. Mi voz no es un capricho. Estoy pidiendo ser tomada en serio. Estoy pidiendo dignidad”, escribió para cerrar su petición.
Hacia el final de la carta, Gaona es enfática en que una psiquiatra la valoró y dejó constancia de no actuar a raíz de una afectación mental y que la petición se hizo con la plena conciencia de sus implicaciones. “Mi edad no borra mi sufrimiento. Mi voz no es un capricho. Estoy pidiendo ser tomada en serio. Estoy pidiendo dignidad”, escribió para cerrar su petición.
Su petición por escrito, que fue valorada por la encargada del pabellón de ginecología y no por la directora del departamento como era su intención, fue rechazada por considerarse que la paciente no sufre de dolores agudos como lo contempla la ley. Ante la pregunta de si considera llevar su caso a otras instancias para hacer valer su petición, Gaona le dijo a CAMBIO que, de no encontrar una alternativa al dolor, hará lo que esté a su alcance.
Instituto Doyenne, Vaki, esperanza
Su testimonio en las redes sociales –que no se salvó del usual torrente de comentarios de todos los calibres– tuvo eco en muchas mujeres que se identifican con su historia, así como en profesionales médicos que le respondieron con alternativas y sugerencias. Entre tantas reacciones hubo un consejo repetido: hacerse ver y tratar por el equipo médico del Instituto Doyenne, en México, especializado en endometriosis y uno de los más reconocidos del continente.
Agotada, muy flaca por la dificultad para comer y digerir los alimentos, entregada a un coctel de medicamentos y con la voz lánguida, Gaona dice que está dispuesta a intentarlo una vez más: la última. “Me gusta estar viva, quiero volver a practicar boxeo, sacar a mis perros, cocinar y vender mis postres, disfrutar con mi familia”. Anhelo que, con el nivel de dolor actual, según le dijo a CAMBIO, es llana y simplemente imposible. “Mi mamá dice que, si hago la eutanasia, del dolor, ella se muere conmigo”.
Su familia, que la ha acompañado visceralmente en el largo trasegar médico, está dispuesta a vender los carros y una propiedad para cubrir los costos del viaje a México y el procedimiento médico: entre 15.000 y 65.000 dólares. Además, por iniciativa de su pareja, sacaron al aire la Vaki Una vida sin dolor para Melisa, que hasta la fecha ha recaudado un poco más del 17 por ciento de los costos proyectados, con más de 900 aportantes.
Las múltiples caras de la endometriosis y el dolor
Según la Organización Mundial de la Salud, la endometriosis afecta a 190 millones de personas –y al 10 por ciento de las mujeres con útero en edad reproductiva–. En Colombia, son 3,5 millones las mujeres diagnosticadas.
Laura Gil, ginecóloga de la Universidad Nacional y directora del Grupo Médico por el Derecho a Decidir en Colombia, le dijo a CAMBIO que el caso de la joven, según lo que ha dejado ver en las redes sociales y en su conversación con este medio, ciertamente es particular. Explicó que en la mayoría de los casos la endometriosis se expresa con un dolor manejable que no altera de manera significativa la calidad de vida, y que incluso hay muchas mujeres que sufren la enfermedad sin sentir síntoma alguno.
Pero el diablo está en los detalles. Gil fue enfática en dejar claro que el espectro de la enfermedad es muy amplio y que, sin lugar a dudas, hay casos en los que el dolor es crónico, insoportable y muy difícil de curar. En su experiencia ha visto ejemplos en los que, a pesar de un diagnóstico temprano, acompañamiento adecuado y procedimientos múltiples, las mujeres acusan intenso dolor. Hay casos en que la endometriosis tiene un componente genético y congénito que vuelve el tratamiento más complejo.
Sobre la circunstancia de Melisa Gaona, que ha desarrollado la enfermedad en órganos diversos distintos al útero, que presenta alergia a los analgésicos y que ha sufrido más de siete cirugías, la especialista dijo que es absolutamente respetable su decisión de terminar con su vida. Las cicatrices que devienen de una endometriosis como la que expresa haber sufrido –por décadas– la joven, en efecto pueden resultar en dolores insoportables y cotidianos y obstruir las necesidades básicas.
“El debate debería enfocarse en por qué se niega la eutanasia en un caso como el de Gaona, que probadamente ha hecho todo para enfrentar la enfermedad y que padece síntomas crónicos y un intenso dolor que le impide llevar una vida digna. Las EPS no están para valorar moralmente la decisión, sino para seguir los lineamientos legales que conceden a los adultos colombianos tener autonomía sobre su vida en los casos tipificados”.
El de Gaona, que se niega a hacerse la histerectomía guiada por la certeza de que la enfermedad se le expresa en múltiples órganos, “y porque no aguantó una cirugía más”, es un caso agudo y desgarrador. Pero lejos esta de ser la única en una enfermedad tan compleja como masiva.
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