EL LEGADITO DE PETRO

Sucedió en un consejo de ministros, unos días antes del domingo de elecciones, cuando el presidente inauguró la jornada con un extraño vestido blanco, de cuello de tortuga y gorra y gafas negras, que lo mismo le serviría para recibir una clase de esgrima que para tomar posesión como papa: el primer papa colombiano, Brayan I en el caso de Berto. Ese día, digo, el presidente exhibió los diez modestos volúmenes que, según dijo, recogen lo mejor de sus intervenciones en estos años de gobierno, para que el país entero comprenda la dimensión de su legado.
En el primer volumen debe aparecer la frase de que ningún negro puede decirle si nombrar un actor porno en un ministerio; en el segundo, sus obsesiones espaciales, como aquel verso digno de Ricardo Arjona en que invitaba a “expandir el virus de la vida por las estrellas del universo”, o su famosa pregunta de si ya llevamos tejido colombiano a Marte. En los tomos restantes están las frases por las cuales Berto se convirtió en un caso de estudio en las facultades del mundo entero, en general, y de la Universidad San José en particular: “No lo crie, a mi hijo no lo crie”; “todo consiste en quitar la letra i a la palabra ilícito”; “si una mujer acompasa el clítoris con el cerebro, es una gran mujer”.
Esperamos ahora los treinta volúmenes con sus mejores trinos dentro de los cuales deben publicar, en pasta dura, los del martes pasado, cuando, en pleno partido de la selección Colombia, sorprendió con uno torrencial, largo como los pases de James —o los de algunos de sus ministros—, en el cual, por un lado, parecía reconocer los resultados de las elecciones, y, por el otro, y al mismo tiempo, amenazaba con regresar al monte: “Podría levantarme en armas legítimamente y llevarme una parte del ejército y llamarlo libertador…se de clandestinidades de volverme invisible como el jaguar y moverme rápido y ligero por el mundo y por eso no tengo barriga y poca grasa y parece que aun enamoro”, dijo de forma literal, como criticando a su antecesor, y razón no le falta: si aún enamora y no tiene barriga, ¿por qué acaso no montar de nuevo un grupo insurgente, el M-21, por el robo de estas nuevas elecciones?
No puedo imaginar a Berto como comandante de una nueva guerrilla: ¿podría levantarse en armas quien rara vez se levantó de la cama? Lo visualizo invisible, moviéndose ligero por el mundo y dejando una estela de hijos sin criar por las veredas, dado que tiene poca grasa y que todavía enamora. Se haría llamar con el alias de Aureliano. Sustituiría el camuflado guerrillero por el traje papal de la jornada electoral. Se quedaría dormido un martes a las cuatro de la tarde y culparía a los guerrilleros rasos por no haberlo despertado. Llegaría tarde a las tomas —al menos a las de pueblos—. Y montaría la columna móvil Danilo Rueda para pedir al ejército que juegue a los congelados. Fue el escándalo de la semana: los audios publicados por Noticias Caracol en los que el excomisionado se compromete a paralizar a las fuerzas militares ante unos delegados del Clan del Golfo:
–Juguemos a los congelados: todos nos quedamos congelados, incluido el ejército –se oye en la grabación.
Y es apenas el comienzo. Faltan otras grabaciones en las que les propone jugar escondidas, para contar hasta diez y que el ejército no los busque; y otra en la que les pide jugar a la lleva, con el propio Berto como la lleva. Para terminar llevados.
En otro de los trinos del martes, el presidente dijo:
“No ganó en Colombia y lo sabe.el presidente Donald Trump y eso me habilita para hacer política en los EEUU, pero me toca aprender inglés, guardo conmigo, en edición de lujo, las obras completas de Shakespeare, aprenderé en el antiguo inglés britanico, pero para hablar tengo que conseguir alguien que me enseñe a hablarlo, como ya sabe, el presidente Donald Trump, tengo muchísimos amigos gringos y negros en los EEUU pero muchísimos y poderosos porque están rodeados de gentes decentes siempre.”
Un trino fundamental para leer sus aspiraciones futuras: si descarta el regreso al monte y aprende de forma autodidacta a hablar inglés antiguo con las lecturas de Shakespeare, su destino estaría en Estados Unidos, lugar al que piensa viajar para hacer política. The human Bert le disputará la presidencia a Donald Trump. Y, en retaliación, incluirá al magnate en la lista Clinton con ayuda de los mismos abogados que nos costaron miles de millones.
Es verdad que elegir a Iván Cepeda habría sido una linda manera de premiar a aquel mandatario responsable y comedido al que nunca le tembló la mano para sancionar los abusos de sus propios funcionarios, como lo hizo con la pobre Laurita Sarabia, a quien mandó a la embajada de Londres. Le bastaron cuatro años para sacar de la pobreza, si no a medio país, al menos a los miembros de sus bodegas, a Juliana Guerrero y a Vanessa Cortés, la mujer con la que paseaba por Panamá.
Y, sin embargo, el verdadero legado del presidente Berto no son los diez tomos de sus obras completas, sino haber conducido al país a las manos de Abelardo: el hombre que esta semana se comparó con Alejandro Magno (pese a que Alejandro Magno jamás se puso implantes capilares y no se ufanaba de estar bien dotado); el estadista que basó parte fundamental de su estrategia ganadora en la compra bótox. El hombre que habría nombrado a Álex Saab como director del ICBF para alimentar a los niños, o a David Murcia como ministro de Obras para que construyera la pirámide más grande de Occidente, y que hace poco dijo orgulloso, en un programa digital, que, de haber sido paramilitar, lo sería de verdad: de arma en mano y en primera línea. Acaso todavía pueda serlo para perseguir a Berto cuando regrese al monte. Salvo que prefieran jugar congelados.
Eso somos. Así como el legado de Duque fue dejarnos en manos de Berto, el legado de Berto es dejarnos en manos de Abelardo. Que dios nos coja confesados. O por lo menos su máximo representante en la tierra, su santidad Brayan I.
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