HAMBURGUESA TRIPLE

Un hombre manifestó, en redes sociales, su descontentó porque una mujer con la que salió en una cita pidió una hamburguesa triple. La polémica no se hizo esperar: se ha criticado al sujeto por tacaño, asumiendo que su inconformidad responde a un motivo económico porque podría pensarse que la orden de la mujer resultaría más cara, otros apoyan al individuo y afirman que jamás saldrían con una mujer que, o pida esa cantidad de comida, o sea capaz de comérsela.
Honestamente no estoy segura de si realmente se trata de un asunto económico o si, lo que realmente reposa detrás de ese descontento, aparentemente generalizado, respecto a la orden de la chica, es el hecho de que las mujeres coman. Me temo, sin embargo, que se trata de esto último. Porque, no se puede negar, es cierto, a esta sociedad estereotipada y patriarcal le molesta profundamente que las mujeres comamos.
Las mujeres millenials transitamos por la adolescencia a principios de los confusos 2000. Ya no sé si fueron confusos para todas y todos porque estábamos cambiando de siglo y de milenio, o si sólo lo fueron para las mujeres de mi generación que estábamos atravesando por una etapa compleja. Pero como si la confusión, cualquiera que fuera la razón de ella, no fuera suficiente, se impuso un modelo de belleza femenina prácticamente imposible: la delgadez extrema. Britney Spears, Christina Aguilera y los ángeles de Victoria Secret tenían el cuerpo perfecto, eran el modelo para seguir. La forma de lograr ese cuerpo, de alcanzar esos 45 o 50 inviables kilos (no importaba la altura) era simple: cardio y dieta. De repente empezamos a contar las calorías que consumíamos al día, para bajarlas durante las horas enteras que pasamos en las caminadoras o en las bicicletas estáticas de los gimnasios; y así, sin más, sucedió lo impensable: la comida se convirtió en nuestro enemigo.
Nos convencieron de que la solución era comer poco, comer mal o simplemente no comer. Y si alguna comía “más de la cuenta” el castigo era el mayor temor de todas: la gordura. Para evitar la sanción (propia y ajena) unas optaron por alejarse del enemigo, otras, con menos capacidad para pasar hambre empezamos a sentir culpa por comer y vomitar se volvió la forma de redimir esa culpa y de evitar el castigo. Comer dejó de ser un asunto de mujeres y se volvió un problema para nosotras. Los diagnósticos no se hicieron esperar, empezamos a hablar de anorexia, bulimia, dismorfia corporal.
Algunas afortunadas nos recuperamos otras no sobrevivieron. Muchas vivimos con una especie de voz malvada en la cabeza que, con los años y los hábitos saludables, hemos acallado, pero quizás de vez en cuando, frente al espejo, así sea por un mínimo instante, vuelve la duda “¿me veo gorda?”.
Con la llegada de las redes sociales surgió el pacto: “no se habla de los cuerpos ajenos” y además inició la era del body positive. Las mujeres somos diversas y nuestros cuerpos también lo son, no hay algo tal como un modelo de cuerpo. Las nuevas generaciones empezaron a crecer viendo cuerpos muy diferentes, e igualmente bellos. Ahora los ángeles de Victoria Secret eran curvy y había más opciones que la talla 4 en los almacenes. Comer dejó de ser un pecado femenino y se convirtió en una forma de resistencia contra los estereotipos de belleza.
Pero justo cuando “el mundo de las chicas” parecía estar en paz llegó el ozempic y de su mano la delgadez extrema, como regla, parece estar regresando. Me recorre un escalofrió por todo el cuerpo con solo pensar en que mis queridas sobrinas, o mis alumnas tengan que pasar por lo que nosotras atravesamos hace más de 20 años. Me niego a aceptar que la comida vuelva a ser el enemigo, que tengamos que vivir, de nuevo, en el cautiverio que genera el mandato de delgadez extrema y que volvamos a tomar agua, ya no para hidratarnos, sino para distraer el hambre.
Por eso es importante recordar esos tiempos, luchar contra esos estereotipos, escuchar a esa voz malvada para no olvidar todo el daño que nos hizo, y animar a las niñas y a las jóvenes a que, cada vez que tengan una cita, o salgan a comer, ordenen una hamburguesa triple.
*Profesora y directora del Grupo de Investigación en Derecho Penal de la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad del Rosario. En X: @MKamilaC
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