METIDA DE PATA

En sus décimas de esta semana María Cristina Lamus (para los amigos MacLamus) comparte con los lectores dos secretos: el de un zapato sucio y el de una llave extraviada. Como bien dice la autora, es una aventura digna de Mister Bean. Y totalmente auténtica, para mayor sufrimiento de la avergonzada víctima.
Peripecias a lo Mister Bean
Me prescribió mi doctora
exámenes de rutina
que seguí con disciplina
y concreté sin demora.
Presentándome a la hora,
entré a un lugar impecable
espacioso y agradable,
donde oí las instrucciones
y las recomendaciones
de una auxiliar muy amable.
En el vestier, presurosa,
al aflojarme el zapato
pronto detectó mi olfato
una emisión olorosa
de fetidez, asquerosa.
Y comprobé consternada
que la suela estaba untada
de una plasta de boñiga.
Mi reacción… ¡ni se diga!,
creo que estaba paniqueada.
Me dirigí al casillero
con el zapato en la mano
intentando, solo en vano,
tapar en mi desespero
aquel olor a chiquero.
Por el baño pregunté
y allí de inmediato entré
para tratar de limpiar
el hedor tan peculiar
de aquello de que me unté.
Tres pruebas me practicaron
(eran tres radiografías)
mientras mi cabeza ardía.
No sé cuántas lo notaron
ni siquiera qué pensaron
las personas que allí estaban.
Lo cierto es que se alejaban,
y al camuflar mi zapato
más se me hacía eterno el rato
mientras que me examinaban.
Para colmo había perdido
del casillero la llave.
Me dije: “Cuando esto acabe
parará este sin sentido,
¿en dónde la habré metido?”.
Ingresé a la última “ía”,
la osteodensitometría;
dijo la auxiliar a cargo:
“Acuéstese ahí, a lo largo…”.
La prueba ya empezaría.
Obediente me tendí,
y fue aquella exploración
la que auscultó la razón
de la ganzúa que perdí,
cuando a la señora oí:
“En su cuerpo hay una llave”
—señaló en un tono suave—.
Parecía tragicomedia
que entre el calzón y la media,
apareciera esa llave.
En el camino, al regreso,
renegué de esta ciudad
los perros, la suciedad,
de sus dueños, que aviesos,
permiten estos tropiezos.
Google me ayudó otra vez
en este nuevo traspiés:
“Para quitar el olor…
zapato al congelador”.
Lo hice… remedio exprés.
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