
Necesitamos héroes, eso está claro. Héroes que nos inspiren, que nos guíen, que nos enseñen. Héroes en los cuales podamos confiar, porque estamos rodeados de mentiras y de falsedades.
“Necesito un héroe”, cantaba la fallecida Bonnie Tyler, y le dio características bien particulares. Dijo que debía ser fuerte, rápido, seguro. Es tan obvio que necesitamos héroes que en el Mundial las redes se enloquecieron con Erling Haaland, el delantero noruego, ese vikingo enorme, ese gigante bueno, que lo mismo anotaba goles que regalaba sonrisas.
No nos enamoró su talento, o no solo. Porque hubo otros goleadores que no tuvieron el carisma de Haaland. Nos gustó su dulzura, su bondad, su alegría. Nos gustó que les diera camisetas suyas a los niños, que abrazara a los rivales, que buscara a su pareja en las tribunas.
Queremos un héroe, pero un héroe con cualidades morales. Un héroe honesto, bueno, amable, que tienda puentes con sus rivales, que permanezca calmado cuando los ánimos se exacerben. Un héroe que pueda representarnos, porque encarna nuestros valores.
Vienen momentos oscuros para Colombia. Con cada amenaza del Gobierno entrante me siento más aturdida, más preocupada, más acorralada, y estoy buscando un héroe. Alguien que sea mi voz, alguien que pueda hacer una oposición inteligente, honesta y articulada, pero esa persona no parece existir.
Gustavo Petro, con sus bandazos y sus salidas impredecibles, resulta una escogencia insuficiente como jefe de la oposición. El solo hecho de que el PH no haya reconocido la derrota, ha logrado crisparnos los nervios y ha erosionado la democracia. No sabemos qué ocurrirá el 7 de agosto y el presidente sigue metiéndole candela a una situación volátil. Cepeda, en cuya cabeza hubo más de 12 millones de votos, también ha actuado mal. Su llamado a la “desobediencia civil”, que no ha sabido bien cómo explicarlo con claridad, parece más bien una respuesta a las diatribas de Petro que a una idea coherente y concreta. El senador, que debía por su votación asumir el mando y mostrar firmeza y diplomacia frente a la derrota, más bien se comporta como un subalterno y no ha recogido la esperanza de todos los que lo veían como una alternativa más moderada que su jefe y, por supuesto, que ADLE.
Los líderes del centro, que serían justamente los llamados a tender puentes entre los extremos, que podrían ejercer una oposición desapasionada y con mesura, han guardado un silencio cómplice frente a los anuncios inquietantes del nuevo presidente. ¿Dónde están Claudia López, Sergio Fajardo, Daniel Oviedo, Mauricio Cárdenas? ¿Qué están haciendo aparte de unos trinos famélicos en los que se lavan olímpicamente las manos frente a lo que está ocurriendo en el país?
Necesitamos un héroe, alguien que nos proteja de lo que va a venir. Un interlocutor válido, que adquiera la vocería de aquellos que queremos remar por el país y no contra el de turno. Como dice Bonnie Tyler, necesitamos un héroe y lo necesitamos pronto.
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