Respetado señor fiscal general de la nación, Francisco Barbosa. Le escribo esta carta como ciudadano preocupado por sus declaraciones. Pero también como colombiano confundido por su definición del límite que divide la intimidad familiar y la labor como funcionario público. Esto como respuesta al escándalo destapado por esta columna, que establece que sus perritos tienen escoltas y carro oficial asignado.
Empiezo por decirle que, para apaciguar el fuego usted utilizó gasolina. Me explico. En una pausada entrevista, usted habló el miércoles pasado con Noticias RCN. Respondió a su director José Manuel Acevedo preguntas sobre los complicados temas de la paz total, el sometimiento, las invasiones a la propiedad privada y los terribles y deplorables ataques racistas a la vicepresidenta Francia Márquez.
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