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Rodrigo Lara
Puntos de vista

Un ciclo infernal

Desde que terminó el super-ciclo mundial de materias primas que vivió el mundo entre 2002 y 2015, la economía colombiana entró en una etapa de crecimientos mediocres (exceptuando este año y medio de rebote poscovid), que han obligado a los últimos gobiernos a remplazar el fuerte crecimiento económico del periodo 2002-2015 por gasto público financiado con deuda y presión tributaria. Desde 2016 en adelante, se han presentado seis reformas tributarias, incluyendo a la actual, que obedecen a la necesidad de financiar un déficit público abrumado por la obligación de garantizar el pago de una deuda que no ha cesado de crecer desde 2016, y por la necesidad de sostener la confianza en la solvencia cambiaria de un país que exporta poco e importa mucho.

Lamentablemente el actual gobierno pareciera no tener alternativas distintas a la de aprobar la reforma tributaria que está en trámite en el Congreso. Durante la crisis del covid-19, por obvias razones, los gobiernos de todo el mundo gastaron más de la cuenta. Si bien Colombia gastó más bien poco durante lo más álgido de la crisis de 2020 en comparación con nuestros vecinos, el gobierno Duque sí gastó bastante en el periodo electoral de 2022, cuando en teoría varios países empezaron un proceso de ajuste y austeridad fiscal; al no haber hecho el ajuste fiscal durante este año de elecciones presidenciales, pues el gobierno entrante, cualquiera que hubiera sido, no tenía opción distinta a la de aprobar una reforma tributaria.

Esto se explica porque el problema de nuestras finanzas públicas es de naturaleza estructural. Somos un país que vive al debe: exportamos poco en comparación con nuestros vecinos e importamos más de lo que recibimos por cuenta de las exportaciones, y tenemos un Estado que gasta más de lo que recauda. Las consecuencias de esta realidad son claras: al fin de cuentas somos una nación, que como muchos hogares, depende de la tarjeta de crédito para comprar el mercado (las importaciones) y del sobregiro bancario para pagar el arriendo y el colegio de los niños (déficit fiscal).

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