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Rodrigo Lara
Puntos de vista

Un diálogo poco convencional

Si asumimos que los actuales diálogos con el ELN son la continuidad de los que se iniciaron en 2016 durante el gobierno Santos, podemos afirmar que por primera vez en 54 años de existencia, el ELN está sentado formalmente en una mesa de negociación de paz con el Estado colombiano. Y esto no es un hecho menor: por lo general, lo más difícil en este tipo de conflictos consiste justamente en sentar a las partes a una mesa de diálogos, y más aun cuando están precedidos de un rompimiento reciente, como ocurrió durante el gobierno Duque.

Volver a sentar a las partes luego de la ruptura de una mesa de negociación es particularmente difícil y por lo general toma años y miles de muertes, por la simple razón de que el fin de unos diálogos de paz siempre viene seguido de una violenta reanudación de las hostilidades, como ocurrió el 17 de enero de 2019 con el horrendo atentado a la Escuela de Policía General Santander.

Tal vez lo que ha facilitado la reanudación de los diálogos con el ELN es la coincidencia de varios mensajes emitidos por el gobierno Petro con algunas de las reivindicaciones planteadas por este grupo alzado en armas durante el proceso del gobierno Santos: una fuerte y amplia participación ciudadana denominada diálogo nacional, dirigida a que las negociaciones se hagan en nombre del conjunto de la sociedad, que encajan perfectamente en el mecanismo de diálogos regionales vinculantes que ha anunciado la administración Petro, con los que se busca una participación de todos los estamentos sociales y cuya base sean temas regionales encaminados a atender realidades locales.

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