Ir al contenido principal
Rodrigo Lara
Puntos de vista

La ciudad del “no se puede”

El cambio más importante que necesita Bogotá es cancelar la cultura del “no se puede”. Para sectores de la política tradicional, cualquier obra importante resulta muy difícil o imposible de realizar, o simplemente sale demasiado costosa. Incluso el solo hecho de proponerla o soñarla termina siendo para algunos analistas, sin evidencia ni soporte alguno, un irresponsable acto de “politiquería” porque en Bogotá estaríamos condenados a que nada importante se pueda hacer.

En Medellín y Barranquilla esa predisposición no existe. En esas dos ciudades los proyectos se sueñan, se planean y se hacen. Es por eso que Medellín tiene metro hace décadas, además de tranvías y metrocables. Para salir de Medellín sus habitantes cuentan con dos túneles, el de Oriente y el de Occidente. Barranquilla, por su lado, ha vivido en las últimas décadas una transformación urbana extraordinaria: le volvieron a dar la cara al río con su bellísimo malecón y construyeron obras como la vía perimetral y el puente Pumarejo. Los barranquilleros cuentan con puestos de salud en la mayoría de sus barrios, de manera que los padres de niños pequeños no tengan que desplazarse horas en un bus hasta encontrar una de sede de su EPS para que los atiendan por una fiebre. Mientras los barranquilleros sueñan con traer algún día la Fórmula 1 a su ciudad, aquí los analistas del “no se puede” los tildan de populistas e irresponsables…

Los bogotanos están al borde de un ataque de nervios. El ciudadano promedio emplea casi dos horas en un bus para desplazarse a su lugar de trabajo y a los que se transportan en carro se les está yendo la vida metidos en un trancón. Bogotá es de las muy pocas capitales del mundo —de estas dimensiones— que aún no cuenta con un sistema de metro en funcionamiento. Hoy el TransMilenio claramente ha demostrado que no es lo suficientemente masivo, rápido ni digno para transportar a millones de bogotanos. Mientras el metro de Santiago de Chile transporta diariamente y de manera digna a 2,8 millones personas, más de la mitad de los 6,9 millones de habitantes de esa ciudad, en Bogotá con nueve millones de almas el TransMilenio solo transporta a dos millones de personas en condiciones infrahumanas. De ahí la absurda proliferación de motos y vehículos particulares.

Artículo exclusivo para suscriptores

Suscríbete para acceder a todo nuestro contenido.

Suscribirme
Finalización del artículo

Lea los comentarios

Artículo exclusivo para suscriptores

Suscriptores

Compartir artículo en redes sociales