
El conflicto en Irlanda del Norte es complejo. Desde el siglo XVIII, la colonización inglesa en Irlanda desató una guerra entre la Inglaterra protestante y la Irlanda católica. El conflicto ha mutado y transitado entre la distensión y la guerra. En el siglo XX el conflicto se transformó, y aquellas riñas que se explicaban a partir de lo étnico y lo religioso, se convirtieron en una guerra de ejércitos, guerrillas, grupos paramilitares, exclusión sistemática y desobediencia revolucionaria.
Irlanda del Norte se dividió en dos: los nacionalistas, católicos en su mayoría, y los lealistas, protestantes que obedecían a la Corona inglesa. Esta etapa, que fue la más violenta, se conoce con el nombre de “The Troubles” (los problemas), se inició en la década de los años sesenta y terminó en 1998 con el Acuerdo de Viernes Santo o Acuerdo de Belfast. Este acuerdo, firmado por los gobiernos de Inglaterra e Irlanda, fue aprobado por el pueblo irlandés en un plebiscito y acogido por las mayorías del Sinn Féin, un partido político próximo al IRA, la guerrilla independentista, y por las mayorías del Partido Unionista del Úlster, el principal grupo político de Irlanda del Norte, protestante y de derecha.
Pero no todos firmaron el acuerdo. Algunas partes, las más radicales de ambos bandos, se opusieron fehacientemente a firmarlo. Entre ellos, quizá el más radical del bando protestante, estaba el reverendo Ian Paisley, quien pertenecía a un partido lealista aún más radical que el Úlster. Él y su movimiento se convirtieron en la gran piedra en el zapato del proceso de paz, torpedearon y estigmatizaron los acuerdos, y se negaron a abrir cualquier diálogo con la izquierda independentista.
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