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Daniel Schwartz
Puntos de vista

Mejor adentro que afuera

El conflicto en Irlanda del Norte es complejo. Desde el siglo XVIII, la colonización inglesa en Irlanda desató una guerra entre la Inglaterra protestante y la Irlanda católica. El conflicto ha mutado y transitado entre la distensión y la guerra. En el siglo XX el conflicto se transformó, y aquellas riñas que se explicaban a partir de lo étnico y lo religioso, se convirtieron en una guerra de ejércitos, guerrillas, grupos paramilitares, exclusión sistemática y desobediencia revolucionaria.

Irlanda del Norte se dividió en dos: los nacionalistas, católicos en su mayoría, y los lealistas, protestantes que obedecían a la Corona inglesa. Esta etapa, que fue la más violenta, se conoce con el nombre de “The Troubles” (los problemas), se inició en la década de los años sesenta y terminó en 1998 con el Acuerdo de Viernes Santo o Acuerdo de Belfast. Este acuerdo, firmado por los gobiernos de Inglaterra e Irlanda, fue aprobado por el pueblo irlandés en un plebiscito y acogido por las mayorías del Sinn Féin, un partido político próximo al IRA, la guerrilla independentista, y por las mayorías del Partido Unionista del Úlster, el principal grupo político de Irlanda del Norte, protestante y de derecha.

Pero no todos firmaron el acuerdo. Algunas partes, las más radicales de ambos bandos, se opusieron fehacientemente a firmarlo. Entre ellos, quizá el más radical del bando protestante, estaba el reverendo Ian Paisley, quien pertenecía a un partido lealista aún más radical que el Úlster. Él y su movimiento se convirtieron en la gran piedra en el zapato del proceso de paz, torpedearon y estigmatizaron los acuerdos, y se negaron a abrir cualquier diálogo con la izquierda independentista.

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