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Daniel Schwartz
Puntos de vista

Mucho ruido

Los mariachis fueron protagonistas de la cuarentena por el covid 19. En Bogotá y Medellín, a los pocos días de que se decretara el encierro obligatorio, imágenes de conciertos efímeros se tomaron las redes sociales. Conjuntos vallenatos, grupos llaneros y solistas fueron un bálsamo para aliviar, por unos minutos, el desconcierto que produjo la reclusión. Entre todos ellos, quizá por lo numerosos o por su show llamativo, los mariachis se convirtieron en el símbolo de las serenatas inesperadas, los nuevos juglares que, en vez de cantar historias de pueblo en pueblo, lo hicieron de calle en calle.

Luego la cosa fue cambiando: ya no eran solamente músicos, sino también gente desesperada, gente que gritaba monólogos hambrientos esperando que alguien les diera un plato de comida o les lanzara un billete.

La gente de los barrios del norte en Bogotá no está acostumbrada al ruido, les molesta, y llaman a la Policía para que les devuelva su silencio. Pero durante la pandemia el ruido de la calle se convirtió en alivio y, por un tiempo, pareció existir cierta incomodidad sana, cierta disrupción necesaria para recordar que seguía existiendo un mundo ahí afuera. Eso no duró mucho, porque en menos de un mes las llamadas a la Policía para evacuar a los músicos y a las personas que pedían auxilio volvieron a ser comunes.

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