
Esta semana comenzó con una noticia dolorosa: veinte niños murieron en La Guajira por desnutrición. El presidente Gustavo Petro calificó el hecho como un fracaso de su gobierno y le lanzó un regaño al ICBF, pero de nada sirve un airado llamado de atención si al frente de esa entidad continúa Concepción Baracaldo, cuyo único mérito para estar ahí es ser la amiga de Verónica Alcocer.
Baracaldo fue nombrada en el cargo pese a las advertencias sobre su nula experiencia en infancia y adolescencia y a los cuestinamientos que pesaban sobre ella durante su gestión como secretaria de Planeación de Chía. Como si fuera poco, la Consejería Presidencial para la Infancia quedó en manos de la publicista Eva Ferrer, otra amiga ⎯también sin experiencia⎯ de la primera dama.
¿Por qué en el gobierno de la vida se juega así con la vida de los niños?
El presidente parece tener claro que Baracaldo no está haciendo las cosas bien, o al menos eso dio a entender el mensaje que le envió ese día: “Si van a repetir las cosas como se están haciendo, pues vamos camino al abismo. Si el ICBF hace lo mismo que ha hecho en estos últimos años, que ha visto morir miles de niños aquí, si siguen repitiendo lo mismo, van a seguir viendo morir a miles”. Lo extraño es que no tome acciones realmente contundentes al respecto.
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