
En Colombia tenemos zonas en donde se producen reiteradamente incendios, sea en zonas rurales o suburbanas, que en los veranos —y más aún con el Fenómeno de El Niño— son quemadas recurrentemente. Muchas de estas áreas no están en las remotas selvas del Caguán, o en la inmensidad de las sabanas del Tuparro, sino al frente de ciudades y pueblos con capacidad económica, logística y acceso a la información, como es el caso de Villa de Leyva, o de los cerros de Cali y Bogotá. A pesar de ello, los siguen quemando sin piedad, y continuamos asistiendo al costoso proceso de combatirlos por tierra y aire, con los heroicos bomberos que afrontan con pocas herramientas —ni tecnológicas ni operativas— mientras los helicópteros se meten en el corazón del fuego y de las laderas.
Una característica común en estos eventos es que se presentan en zonas de colinas, con alta pendiente, y una vegetación usualmente seca entre pastizales, arbustos y árboles ya sean aislados o en parches, con especies introducidas y nativas, según el grado de regeneración natural. Son superficies que, en general, están en áreas montañosas, con intervenciones de larga data, y reducción histórica de los caudales de las corrientes que aún subsisten. Y, por ende, con alta susceptibilidad a las sequias, altas temperaturas y, por supuesto, al fuego, como han sido gran parte de los incendios en el Huila y Tolima.
Entonces, las preguntas son: ¿cómo estamos gestionando la información que tenemos disponible y que está en manos de nuestras instituciones? y ¿cuáles son las decisiones que se toman en los municipios y corporaciones para atender los incendios que vendrán? Porque de lo que debemos estar seguros es que el Fenómeno de El Niño se intensificará, y la vegetación se secará, el agua superficial disminuirá y el comportamiento pirómano de nuestra gente se mantendrá. ¿Podemos dibujar el mapa nacional de áreas, con sus diferentes niveles de riesgo a incendios dependiendo de factores geomorfológicos, climáticos, hidrológicos y de cobertura vegetal?

Y sobre esta información, ¿podemos revisar la capacidad operativa de los bomberos de los municipios con mayor vulnerabilidad? ¿Tenemos la certeza de que, día a día, está llegando la información de picos de temperatura, vientos y focos de calor, nivel de sequedad en el suelo, días consecutivos sin lluvia, datos que se requieren para establecer alertas? ¿Cómo se establece que un incendio se sale de las capacidades locales, y se requiere apoyo aéreo? En el caso de Villa de Leyva, pasaron seis horas antes de que las autoridades municipales declararan “aleta roja” y llamaran a la comunidad para traer “botellas de agua, palas y otras herramientas”. ¿Siendo el incendio de mayor tamaño en Colombia en el fin de semana, como se establece la alarma entre el punto de calor de los satélites —sin hablar de la abundante información de redes seis horas antes de que saliera autoridad alguna a pronunciarse— con la decisión detener apoyo aéreo y de otros bomberos de municipios cercanos?
De la misma manera que hay factores climáticos, geomorfológicos y de vegetación, también se da el factor humano, es decir, el comportamiento que se registra en un área frente al manejo del fuego y, con especial énfasis, en provocar incendios descontrolados. Como lo he señalado, hay registros de cómo existen zonas que tienen incendios provocados de gran magnitud de manera cíclica, que infortunadamente son cada vez más una conducta generalizada en gran parte del país.
No es posible seguir admitiendo este tipo de conducta cuando las repercusiones en la salud pública y el patrimonio ambiental son de esta magnitud. Quemarnos, literalmente, en medio de un ‘Súper Niño, es condenarnos a un colapso, en términos hidrológicos, climáticos, de suelos, de biodiversidad y de salud pública sin que nadie asuma responsabilidades. Y si bien la aplicación de la ley para quienes provocan los incendios es prioritaria en este contexto, también lo es para quienes no están destinando los recursos necesarios para su prevención y control en el ámbito local.

No es posible que municipios que se llenan de turismo cada fin de semana, con recursos amplios del predial, estén “pidiendo botellitas de agua para sus bomberos”. Claro, controlar incendios no da réditos politiqueros, y por eso mantienen en la indigencia ese cuerpo básico de reacción territorial. Ni equipos o tecnología apropiados, ni el número de efectivos, ni torres de control, ni franjas cortafuegos, ni nada que equipare capacidad con magnitud de los incendios. ¿Cuándo responderán los alcaldes por su responsabilidad en este ecocidio?
Ah, olvidaba mencionar que el alcalde Villa de Leyva está capturado por la Fiscalía, que lo investiga por presuntas exigencias ilícitas (como pedir dinero y contratación de personas específicas) a cambio de facilitar la expedición o modificación de una licencia de construcción para un proyecto urbanístico…. Así, apague y vámonos.
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