
Hace poco asistí a una reunión en la que alguien le preguntó al canciller Álvaro Leyva: “Ministro, ¿cuál es la partitura de la ‘paz total’ de este Gobierno”? A lo que Leyva respondió: “No tenemos una partitura predeterminada como en una sinfonía; vamos a improvisar como quien interpreta un buen jazz”.
Todo gobierno merece una moción de apoyo cuando emprende una cruzada por la paz como lo viene intentando Gustavo Petro con la llamada “paz total”. Contrasta con el olímpico desinterés que mostró el gobierno Duque para hacer avanzar la paz durante su cuatrienio. Pero que se le extienda una moción de felicitación al Gobierno no significa que se asordinen las carencias, dificultades, o los pasos en falso que está dando. Es, al fin y al cabo, el costo de caminar sin partitura por un camino pedregoso como el de la búsqueda de la paz.
Los comienzos de los diálogos con los grupos narcocriminales han estado marcados hasta el momento de claro-oscuros. Los enfrentamientos y tropelías contra la población civil que dejan las sangrientas refriegas en Arauca y el Cauca demuestran que estamos aún lejos en encontrar la melodía apropiada para escuchar un buen jazz.
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