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Velia Vidal
Puntos de vista

Inspirar

Cuando era muy niña e iba con mis tíos (que en realidad eran y han sido mis hermanos mayores) a bañar a la marea en Bahía Solano, me preguntaba a dónde llegaría si siguiera caminando derecho por el mar. ¿Qué era eso que había al otro lado del mundo? Muchos años después me enteré que mi tía Ludys (que en realidad es mi tercera mamá), cuando era niña y vivía en Juradó, se preguntaba si en otros lugares sabrían que allá existía un pueblo, si se enterarían de sus muertes en caso de que llegara la ola (lo que ahora conocemos como tsunami) y se los llevara.

En Aguas de estuario, mi libro, se percibe en varias cartas esa sensación de distancia y lejanía, que también puede ser de abandono, de la que tantas veces he conversado con mi destinatario; una sensación que parece estar íntimamente ligada al Chocó y que, de alguna manera, hemos experimentado todos quienes nacimos, crecimos y vivimos allá.
Eso de ser el centro del universo no parece tener que ver mucho con nosotros.

Está muy presente esa sensación y, sin embargo, no ha tenido que ver con las motivaciones del trabajo de promoción de lectura que lidero. Tampoco nos ha movido el deseo de la visibilidad, excepto con FLECHO, nuestra Fiesta de la Lectura y la Escritura del Chocó, que ya va para su sexta versión. Con esta sí pretendíamos, desde el principio, llenar el vacío de un evento cultural de ciudad que tuviera la lectura y el libro como centro y queríamos, además, que se hablara en el país de nuestro departamento, al menos en el mes de marzo, por un suceso positivo.

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