
Esta semana ha estado cargada de acontecimientos políticos de gran impacto para la democracia:
La noticia sobre la condena de la señora Kirchner, por corrupción, estuvo seguida de la intención del expresidente Castillo, de Perú, de disolver el Congreso, al mismo tiempo que en Alemania apresaban a 25 miembros de un movimiento llamado Reichsbürger, es decir, “ciudadanos del Reich”, con orientación de extrema derecha y cuyo eje central es el desconocimiento del actual orden estatal. Según la Fiscalía alemana, uno de sus objetivos más importantes era atacar al Bundestag alemán, o sea el Parlamento, para finalmente hacerse con el poder.
A estos tres sucesos los une la fragilidad del Estado de derecho y la convivencia. Por esto es que tendríamos que haber dejado de hablar hace tiempo de derecha o izquierda y, hacerlo en cambio, de posturas democráticas o antidemocráticas.
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