
El reciente debate suscitado por la solicitud del presidente Petro de soterrar la línea del metro en el sector de la Avenida Caracas, más que una revisión de un contrato con una empresa común y corriente, constituye en su esencia un acto de negociación entre el gobierno de Colombia y el de la República Popular de China.
Sin entrar en la discusión sobre la conveniencia de soterrar o no un metro en una zona tan densamente poblada como la Avenida Caracas -aun cuando siempre será preferible un metro subterráneo- y sin trenzarnos en la discusión sobre la viabilidad de la solicitud del presidente, el diálogo que se abre entre ambos gobiernos sobre la posibilidad de modificar el contrato, es una invitación interesante para reflexionar sobre el estado de la inversión china en Colombia y en América Latina.
Entre 2003 y 2014 América Latina vivió un boom económico producto de la extraordinaria demanda de materias primas de la economía china y de lo cual Colombia se benefició en gran medida gracias al alza de los precios de los commodities. La devoradora demanda china le permitió a América Latina crecer a pesar de la crisis financiera de 2008-2009, mientras que en ese lapso Europa y Estados Unidos entraban en recesión. El efecto de ese superciclo de materias primas hizo que la región redujera sus vergonzosos índices de desigualdad y ensanchara a la clase media.
Artículo exclusivo para suscriptores
Suscríbete para acceder a todo nuestro contenido.
SuscribirmeLea los comentarios















