
El primer periodo legislativo de este nuevo Congreso –de mayoría progresista y renovado en un 60 por ciento– culminó dejando al descubierto las grietas que tiene la coalición de gobierno, sobre todo entre el Pacto Histórico y la Alianza Verde.
El florero de Llorente fue la reforma política. Durante la discusión, la representante a la Cámara Katherine Miranda lanzó una dura crítica a las listas cerradas y a la posibilidad de permitir coaliciones entre los partidos con más del 15 por ciento de representación: “Tengo dolor, vergüenza y una profunda decepción […] Me duele profundamente que con el aval de ustedes estén acabando con las minorías. Lamentablemente tengo que decirle al país que esto no es el cambio”.
Las declaraciones cayeron como un baldado de agua fría porque desde la campaña, cuando se desempeñó como jefe de debate de Petro, Miranda ha sido una de las principales escuderas del gobierno en el Congreso. La cosa empeoró al momento de conciliar por cuenta de un parágrafo –al que varios llamaron mico– que especificaba que para la conformación de las listas cerradas se tendría en cuenta el orden de elección del último periodo constitucional, sin condicionamiento de género.
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