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Catalina Ceballos
Puntos de vista

Miyazaki llegó al barrio Santa Fe

El barrio Santa Fe, entre las calles 24 y 21 y entre la Avda. Caracas y la carrera 16, un barrio vecino de los barrios con los nombres más bellos antes vistos: La Favorita, La Pepita, Samper Mendoza, San Victorino, Voto Nacional, todos en la localidad de Mártires. Un barrio antes llamado zona roja o de tolerancia. Un barrio cuyas calles están llenas de lavanderías, talleres de mecánica, barberías y misceláneas, cada uno de estos detrás de unas rejas propias de la arquitectura bogotana de los años 40, herencia del desarrollo urbanístico de Karl Brunner. Adentro se escucha el acento caribe de un venezolano, por otros lados se oye reguetón.

Un barrio recorrido por hombres con camisetas de equipos de baloncesto gringo, con gorras de colores desteñidos y que miran sigilosamente; por mujeres jóvenes, ¿serán menores de edad? Con transparencias y maquillajes ostentosos, sonríen entre ellas y a todos y todas. Son jíbaros, campaneros, jaladores, chulos, mujeres y hombres que ejercen sus actividades sexuales pagas, recicladores, habitantes de calle, migrantes y refugiados. Este barrio estigmatizado, antiguamente fue habitado por judíos migrantes, ahora es el hogar de miles de venezolanos y venezolanas.

En medio de todo esto emerge el Castillo de las Artes, un lugar cuya fachada se destaca por su piedra bogotana, vecino de la famosa Piscina, ahora centro de reciclaje. Entrar en este espacio es como entrar a una película de Miyasaki, permanecen los palos del pole dancing, techos en forma de corazón y pisos de baldosa blanca. Allí adentro las artes hacen lo suyo.

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