
“La candidatura de Francia Márquez generó comentarios discriminatorios en periodistas de varios medios de comunicación, en los trinos de una cantante y en la respuesta de uno de los senadores más votados. Pero el problema es estructural”.
Por: Valeria Santos
El 21 de marzo se celebró el día internacional para la Eliminación de la Discriminación Racial. Ese día, hace 62 años, la Policía asesinó a 69 personas que protestaban contra el apartheid en Sudáfrica. Desde entonces, la población afrodescendiente, en la mayoría de los países del mundo, ha logrado un reconocimiento de derechos puramente formal. La igualdad real aún es una quimera.
En Colombia, por ejemplo, la semana pasada celebramos que en la actual contienda electoral cinco candidatos afro se están disputando la Vicepresidencia. Tan solo unos días después, la realidad se manifestó, opacó la euforia de los nombramientos, y dejó en evidencia que Colombia sigue siendo racista. Muy racista.
La candidatura de Francia Márquez generó comentarios discriminatorios en periodistas de varios medios de comunicación, en los trinos de una cantante y en la respuesta de uno de los senadores más votados. Pero el problema es estructural.
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