
Me alegra mucho, muchísimo, la vibrante antesala a la jornada electoral que se siente en nuestra patria, donde elegiremos a los representantes del pueblo para que soplen nuevos vientos y este país se renueve con todo lo que prometieron que van a hacer. Prácticamente seremos la tierra prometida. Qué países escandinavos ni qué ocho cuartos.
Y también, me alegra profundamente que las consultas presidenciales —las primarias, como ampulosamente las llaman—reduzcan de dieciocho a seis los candidatos que seguirán en contienda, más el in péctore que se inscribió a última hora. Como ahora todo el mundo se cree capaz de ser presidente.
Claro que el mal ejemplo cunde.
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