Ir al contenido principal
Daniel Schwartz
Puntos de vista

La profesión, la familia, una estafa y una cachetada

A veces ocurren tantas cosas importantes en una semana, que a duras penas alcanzo a tener una opinión formada sobre algún tema cuando ya hay otro acontecimiento telúrico que sepulta al anterior. Eso mismo pasó esta semana en mi vida. Fui, como en el poema de Barba Jacob, móvil. También fui fértil, sórdido, plácido, lúbrico y lúgubre. Me sentí de muchas maneras, como pocas veces me pasa en una semana, y pensé que no quería escribir sobre un solo tema.

Me ha costado trabajo escribir esta columna semanal, me ha costado encontrar el tono desenfadado que se alcanza con la madurez. Pienso que estoy saltándome muchas etapas profesionales porque una columna de opinión requiere la experiencia de quien sabe desentrañar el alma de las personas, aceptar la contradicción, dejar de lado la pretensión de la verdad, y cuando se es joven cuesta mucho ver los matices y aceptar que las cosas no son como uno quisiera. Así que hoy me doy la licencia de sonar ligero.

Viajé al Eje Cafetero y conocí a la familia de mi novia, un paso que en un principio parecía prematuro, pero que resultó acertado. Descubrí la fuerza amorosa y protectora que despliega la gran familia caldense y me sorprendió que, a pesar de las diferencias entre uno y otro, el amor filial siempre gana. Me alegré con los brindis colectivos y me conmoví con los abrazos que todos daban a la abuela cuando se cruzaban con ella en la fiesta. Pero más feliz estuvo mi mamá, que vio allí una oportunidad para que yo comprendiera lo bueno que es pertenecer a una familia grande, porque la suya es pequeña y rara.

Artículo exclusivo para suscriptores

Suscríbete para acceder a todo nuestro contenido.

Suscribirme
Finalización del artículo

Lea los comentarios

Artículo exclusivo para suscriptores

Suscriptores

Compartir en redes sociales