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Daniel Schwartz
Puntos de vista

La Providencia es un apellido

En la sobremesa de mis abuelos maternos, liberales por tradición familiar, se criticaban las posiciones políticas de Álvaro Gómez, el eterno candidato del Partido Conservador, quien por muchos años fue el gran referente del partido y del pensamiento conservador en Colombia. Para mis abuelos, Álvaro representaba al agresor de traje y corbata que desde la presidencia de su padre Laureano avivó la violencia del Estado contra los liberales.

Hoy convertido en un mártir de la democracia, Gómez Hurtado estuvo siempre cerca del poder y de las decisiones. Desde su exilio en España –Francisco Franco era buen amigo de su padre– impulsó la creación del Frente Nacional, una respuesta desesperada a la dictadura de Rojas Pinilla que terminó por negar la representación de buena parte de la sociedad en las instituciones de la democracia y aseguró una repartición del poder entre la élite, de la que él era una pieza fundamental; fue concejal, embajador, congresista y ministro, así que sorprende que hablara tanto de acabar con el régimen, cuando él mismo encarnaba el régimen.

En sus años postreros su discurso cambió –todo el mundo tiene derecho a cambiar– y enfocó sus esfuerzos en aquello que llamó un “acuerdo sobre lo fundamental”, que fue vital para la creación de la Constitución de 1991. Atacó con vehemencia a las mafias del narcotráfico y su inserción en el Estado, y se convirtió en un fuerte crítico de las Farc, las que hace poco admitieron la autoría de su asesinato.

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