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Velia Vidal
Puntos de vista

La vida de los negros no importa nada

Aprecio desde el aire los cañaduzales y sin ignorar el espectáculo de verdes viene a mi mente la imagen de Junior Jein diciendo entre ellos: “Nada, la vida de los negros no importa nada”, como en el estribillo de la canción ¿Quién los mató?, que me he repetido muchas veces en las últimas semanas, detrás de sucesivos hechos que inevitablemente me recuerdan y refuerzan esta sentencia.

Aunque muchos intenten justificar los hechos diciendo que corresponden a situaciones migratorias regulares, es innegable que se trata de un arraigado racismo, que ha salido a relucir en el destierro y la consecuente crisis de refugiados a causa de la guerra que vive hoy Ucrania, demostrando que el valor de la vida se sigue midiendo con una escala racial.

“La guardia fronteriza ucraniana no nos dejaba pasar. Estaban golpeando a la gente con los estiletes”, dijo Chineye Mbagw, de Nigeria. “Era un caos absoluto. Nos trataron como animales. Todavía hay miles de personas varadas allí”, aseguró Ahmed Habboubi, quien es francés-tunecino. “Los negros no pudieron subir al tren”, fueron las palabras de Emmanuel Nwulu, también de Nigeria. No necesito más que sus voces reportadas por The New York Times, para constatar que es cierto el racismo en esas fronteras.

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