
La supremacía constitucional del voto tiene detrás una historia de mujeres y hombres que han luchado y, en algunos casos, dado su vida por garantizar el sufragio libre y universal. Sin embargo, la democracia sigue siendo débil y se desvanece con cada grito injustificado de fraude. Los aniquiladores de la voluntad popular parecen estar en la derecha, la izquierda, dentro del Gobierno, las redes, los medios de comunicación e, incluso, en la Registraduría. Mientras escasea la entereza, abundan los malos perdedores. Por eso es nuestra responsabilidad no permitir que nos arrebaten nuestro derecho a elegir. ¡La soberanía reside en el pueblo!
El sistema electoral colombiano está estrictamente reglamentado en el Código Electoral justamente para evitar que por medio de arbitrariedades se dinamite la democracia. Esta ley, aunque no es perfecta y tiene elementos anacrónicos, funciona y debe respetarse. Es un abuso del derecho pretender saltarse las reglas para promover el caos y desconocer los resultados.
El código electoral no permite un recuento general. Hay unos mecanismos para impugnar la votación de ciertas mesas mediante un procedimiento estrictamente reglado y excepcional. La razón, justamente, reside en proteger la elección.
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