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Jorge Enrique Abello
Puntos de vista

Los Nadie

Se llamaba Davide pero le decían Dulcino. Su mujer fue Margherita de Trento. Merodeando el año 1300 de nuestra era fueron acusados de practicar el sexo libre, la sodomía y la locura, y juntos lideraron una horda de siervos y simples que, en su camino por las montañas lombardas en el noroccidente de Italia, arrasaron y saquearon todas las iglesias que encontraron a su paso, declarando así la guerra al papa Clemente V y a la cúpula de su Iglesia. Arengaban que la política religiosa del representante de Dios en la Tierra estaba en contra de los principios fundamentales de la secta fundada por Fray Dulcino, lo que condujo a lo que se conoció en su época como las ‘guerras dulcinianas’. Más de 15.000 hombres y mujeres debió enfrentar un dominico de los de mayor confianza del papa: el inquisidor Guillermo de Gui, para sofocar esta rebelión contra el corazón de la Iglesia, a finales del medievo y que por demás representó uno de los primeros brotes reformistas que terminarían abriendo la puerta al Renacimiento.

Los dulcinianos defendían los preceptos más hermosos de que se tiene cuenta en la religión católica. Eran apóstoles de San Francisco de Asís, no creían en la opulencia de la Iglesia y, en contraste, sus almas vibraban con el sentido de humildad y desapego de cualquier riqueza, salvo la espiritual, que tomaba cuerpo a través de la compasión y servicio a los más desfavorecidos, contando entre ellos a todos los animales y fieras de la naturaleza. Promulgaban la igualdad de los sexos y estaban en contra del sistema feudal y, por supuesto, de la represión que ejercía su sostenimiento.

“Que donde haya odio, siembre yo amor / Que donde haya injuria perdón / donde haya duda, fe” reza la oración más compasiva de San Francisco que a su vez fue inspiración para Dulcino y Margherita, que sin dudarlo blandieron la espada, empuñaron la adarga y derramaron la sangre de sus compatriotas para defender la más bella intención que haya tenido un ser humano sobre la Tierra, para defender el amor absoluto.

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