
En la Alta Guajira, una de las regiones más olvidadas y pobres del país, se encuentra Uribia, conocida también como la capital indígena de Colombia porque la mayoría de su población pertenece a la etnia wayúu. El hambre y la falta de acceso a servicios básicos no dan tregua, el abandono ha sido el común denominador, menos en época electoral, ahí los políticos aprovechan para prometer el cielo y la tierra. Este año no fue la excepción.
Hasta ese municipio llegaron los conservadores Juan Loreto Gómez –apadrinado por Alfredo Deluque y el Clan Nueva Guajira– y su fórmula, el senador antioqueño Carlos Trujillo. Lo primero que se supo de ellos durante la campaña es que ofrecieron tierras a cambio de votos; lo peor de todo es que las tierras no eran de su propiedad, se trataba de un predio de más de 30 hectáreas transferido a la Alcaldía de Uribia. La comunidad denunció que no solo los candidatos prometieron escriturar lotes si votaban por ellos, sino que también lo hicieron funcionarios de la alcaldía de Bonifacio Hernández, cercano al senador Trujillo. Los congresistas también estuvieron en el ojo del huracán cuando se conoció una pantalla instalada en el Centro Cultural de Uribia en la que aparecía su publicidad política. El alcalde Henríquez nunca dio una explicación. Nada pasó.
Días antes de las elecciones del 13 de marzo, Loreto Gómez fue vinculado al proceso que adelanta la Corte Suprema de Justicia en contra de su madre, la representante a la Cámara María Cristina ‘Tina’ Soto, por presunta compra de votos en la campaña de las elecciones al Congreso de 2018. Por su parte, el senador Trujillo tiene investigaciones en la Fiscalía por interés indebido en la celebración de contratos, peculado por destinación indebida de recursos y falsedad ideológica en documento público, delitos que habría cometido cuando fue alcalde de Itagüí. Ni las denuncias de los uribieros, ni las investigaciones que tenían en curso fueron impedimento para que quedaran electos en la Cámara de Representantes y el Senado respectivamente, de hecho, Trujillo sacó una de las votaciones más altas del Partido Conservador con 159.810 votos. En este país no es extraño que políticos investigados o con cuestionamientos lleguen al Congreso, sobre todo si tienen detrás a poderosas maquinarias.
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