
La ministra de comercio exterior, María Ximena Lombana, recientemente publicó un artículo en el que celebra con bombos y platillos los diez años de vigencia del “Tratado de Libre Comercio” (TLC) con Estados Unidos. Ella, como el mismo Duque, con patente pequeñez y mezquindad, ocultan el hecho de que fue en la administración de Juan Manuel Santos cuando se aprobó dicho tratado.
Es cierto que Álvaro Uribe desplegó un empeño descomunal durante sus gobiernos para lograr la aprobación. Los veteranos del Capitolio aún recuerdan al mandatario correteando a congresistas y staffers por los pasillos para tratar de convencerlos de que el acuerdo valía la pena. A pesar de todo ello, Uribe no logró que se concretara el trámite del tratado. La verdadera causa de que se hubiese “engavetado” fue la desconfianza y el rechazo que despertó el propio Álvaro Uribe. Serios reparos relacionados con el lado oscuro de la “seguridad democrática” eran invocados con frecuencia por los legisladores y los “duros” de Washington para rehusarse a colaborar con su aprobación.
La elección de un gobierno comprometido con la paz y la protección de los derechos humanos, en cabeza de Juan Manuel Santos, fue lo que le finalmente le dio viabilidad al tratado. El TLC fue posible gracias a que la diplomacia colombiana en Washington logró un cambio total de la percepción sobre Colombia. La credibilidad en los círculos decisores -arrancando por la cercanía entre Obama y Santos- fue lo que permitió que se aprobara el tratado en el Congreso.
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