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Jaime Honorio González
Puntos de vista

El tibio

Este país está hirviendo. Por donde se le toque, su temperatura está al máximo. Por donde se le mire, pareciera estar a punto de arder. Y en varias partes, ya hay fuego. No es metáfora. Es real.

Pero, lo más peligroso de la situación es que la temperatura no bajará, al menos en un futuro cercano, porque es casi un hecho que habrá segunda vuelta en la elección presidencial y —en caso de que los extremos sean los ganadores— la disputa se radicalizará aún más, aumentarán los insultos, se desbordarán las mentiras y se ventilarán tantos trapos al sol que —de forma inevitable— entraremos en una eterna etapa de oscuridad mientras nos seguimos odiando a diario durante tres larguísimas e interminables semanas, intentando justificar por qué mi lado es el bueno y el otro es el malo, ni siquiera el equivocado, el malo, el pérfido, el que terminará por desbaratar este país definitivamente, el que no dejará piedra sobre piedra, sea porque siguen haciendo lo mismo que se ha hecho desde que hay elecciones, lo que los especialistas llaman el continuismo, o sea porque llegan a cambiarlo todo y a todos, a tal punto que terminarán arrasando hasta los cimientos de esta pobre república que nos tocó como patria. Con un lado o con el otro, el apocalipsis habrá llegado a esta tierra de nadie. Bueno, de pocos, de muy pocos.

¿Quién tiene la razón?

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