
No deja de sorprender que los temas de las relaciones internacionales sean tan irrelevantes para los candidatos presidenciales. Quizás es porque se impone, una vez más, el parroquialismo que reiteradamente han denunciado varios prominentes internacionalistas, en particular Sandra Borda en su libro ¿Por qué somos tan parroquiales? Ese mutismo es aún más inquietante si se tiene en cuenta que la situación mundial y regional atraviesa por uno de los momentos más desafiantes.
Colombia siempre ha estado sujeta a los oleajes que nos llegan de las tormentas globales. En la coyuntura actual, sin embargo, la dinámica internacional es un verdadero tsunami que puede dejar al país sumergido en el desastre. Evitar un escenario catastrófico depende de la habilidad que tenga el próximo gobierno para leer objetivamente el escenario mundial y las fuerzas que están en juego.
Con la caída del Muro de Berlín muchos concluyeron que había llegado el fin de la historia. En medio de la euforia se llegó al convencimiento de que la hegemonía estadounidense, el reverdecer de la democracia y el capitalismo se quedarían para siempre. Ese sentimiento de victoria inspiró cambios significativos en el tono y la sustancia de la política exterior de los Estados Unidos.
Artículo exclusivo para suscriptores
Suscríbete para acceder a todo nuestro contenido.
SuscribirmeLea los comentarios














