
El ambiente está verdaderamente enrarecido. Lo que viene aconteciendo va volviendo todo más y más pesado. A veces es difícil hasta respirar. Para ser sinceros, uno cree que se ha llegado a lo más cruel de la realidad nacional, pero a diario aparecen nuevas sorpresas.
Apenas terminábamos de oír los aterradores testimonios sobre los falsos positivos por parte de los militares que con valor confesaban haber asesinado a civiles campesinos haciéndolos pasar por guerrilleros armados y así contabilizarlos como “trofeos de guerra”, cuando empezaron a rodar los videos de las balaceras contra la población civil ahora en manos de lo que se conoce como el Clan del Golfo.
El Clan del Golfo se pasea a sus anchas matando ciudadanos en municipios de Chocó, Antioquia y la costa norte. Las fuerzas armadas que se desplegaron con tanta energía para contener las manifestaciones del estallido social, ahora brillan por su ausencia por esas poblaciones donde recrudeció la violencia con todo su poder de sometimiento. Zapateiro y sus hombres, desaparecidos. Ni el ejército, ni la policía ni el Esmad; la población civil inerte, desprotegida y a su suerte. La ley del monte donde sobrevive el más fuerte y el más violento.
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