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Helena Urán Bidegain
Puntos de vista

Responderle al país

El 5 de mayo circuló una carta abierta a Sergio Fajardo y Gustavo Petro, centenares de ciudadanos les pedían dejar atrás sus diferencias y según el texto, “pensar en lo que nos une”. Por ahora las disputas entre el Pacto Histórico de Petro y la Coalición Centro Esperanza de Fajardo no parecen vislumbrar ese camino, pero en las actuales elecciones en Colombia lo que se disputa es el cambio hacia la política de la vida y los derechos o la continuidad de la política de la represión y la guerra. Por eso, es tan importante que entendamos la historia del conflicto armado como un asunto que va mucho más allá de las relaciones binarias y antagónica entre víctima y victimario como lo plantea Michael Rothberg en su libro El sujeto implicado.

Tendemos a orientarnos por lo enmarcado dentro del sistema legal para abordar o entender las estructuras de violencia, pero este sistema tiene límites y solo abarca los roles de víctima y perpetrador, una dicotomía de la que además es fácil abusar; de manipular políticamente y que además conlleva en un contexto de guerra complejo a la invisibilización de la responsabilidad del resto de los implicados y a su despolitización.

No estoy diciendo con esto que no sea importante el sistema legal, pues es allí donde se sanciona/inculpa penalmente a un criminal y se reconoce el daño infligido a otro; a lo que apunto es que, en cuanto a las relaciones de poder y estructuras de violencia, este sistema solo distrae de aspectos subyacentes mucho más complejos; esconde mucho más de lo que le es posible revelar.

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