
La historia de Colombia está colmada de acuerdos políticos. En el último siglo y medio la nación ha visto sus destinos definidos durante la mitad del tiempo por gobiernos de coalición. Las coaliciones o alianzas entre partidos han sido tan comunes como los gobiernos hegemónicos o las guerras civiles, y han estado presentes desde la misma gestación de la nación. El estudio de esos acuerdos de colaboración política genera una taxonomía muy reveladora que puede ayudar a descifrar la naturaleza de lo que pretendería el presidente electo con su propuesta de un “acuerdo nacional”, todavía bastante difusa en cuanto a su alcance y objetivos.
La variedad más silvestre son los acuerdos de gobernabilidad. En este tipo, de una manera similar a lo que ocurre en un sistema parlamentario, el propósito principal es tener unas mayorías que permitan legislar y promover la agenda del gobierno de turno. Sin duda, en la propuesta de Petro hay claramente esa intención. Dado el carácter minoritario del Pacto Histórico se necesitan otras fuerzas legislativas. Eso esta bien, así funcionan todos los parlamentos del mundo, sin embargo, hay que esperar a ver que tipo de contraprestaciones y concesiones ocurrirán.
Las coaliciones para la gobernabilidad en las democracias de verdad generalmente se hacen sobre la base de acuerdos programáticos. Los partidos serios quieren que su agenda quede representada en las decisiones del ejecutivo y en sus proyectos de ley. No hay que ser particularmente agudo para concluir que la motivación central de los partidos que se le pegaron a Petro no era precisamente defender su ideología.
Artículo exclusivo para suscriptores
Suscríbete para acceder a todo nuestro contenido.
SuscribirmeLea los comentarios














