
En 2019, al inicio del gobierno de Iván Duque, Darío Acevedo fue nombrado director del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) con el mandato, tácito o quizás explícito, de revisar las investigaciones acerca del conflicto armado colombiano, adelantadas bajo la dirección de Gonzalo Sánchez, su predecesor.
Cuando hablo de “revisar” o “revisionismo”, me refiero al uso político de la historia; aquel que no respeta el espíritu crítico y plural. Un ejemplo claro sería el intento de reescribir la historia sobre el nazismo alemán; el negacionismo —por parte, sobre todo, de la extrema derecha en general— de un plan de exterminio sistemático de los judíos y su holocausto resultante. Nada tiene que ver con la interpretación de la evidencia histórica y se aproxima más a la apología de un régimen criminal de lesa humanidad, presentado como heroico.
No es sorpresa para nadie que yo diga que el gobierno colombiano ha sido más cercano a un sistema que encubre y niega crímenes atroces que benefician a algunos, que a uno que protege al conjunto de las víctimas y a los más vulnerables ante la guerra y la violencia estructural. Solo hay que recordar “¿De qué me hablas viejo?”: la perversa respuesta de Iván Duque tras el bombardeo militar en el Caquetá en el cual fueron “dados de baja”, es decir, asesinados, ocho menores de edad (previamente movilizados a la fuerza por bandas criminales y jamás rescatados por quienes tenían el deber de protegerlos) para entender cuál ha sido la prioridad y cuál la narrativa que desde el gobierno saliente se ha pretendido construir.
Artículo exclusivo para suscriptores
Suscríbete para acceder a todo nuestro contenido.
SuscribirmeLea los comentarios














