La columna de hoy no es investigativa. No trae una denuncia. Es simplemente para tomar una posición. Aunque no son comunes ese tipo de escritos en este espacio, creo que este tema amerita y me obliga a eso. A dar mi opinión.
Empiezo por confesar que he cantado olé en la plaza, gritado torero y sentenciado: ¡eso matador! He disfrutado unas banderillas certeras, elogiado un elegante tercio de capote, demandado con el pañuelo una oreja y lanzado la bota a la cuadrilla como muestra de respeto.
Lo he hecho. No lo voy a negar.
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