
¡La instalación del Congreso fue histórica! No por el Pacto Histórico y su colectividad que expresan que llegó el cambio que tanto Colombia necesita, mientras realizan las mismas acciones de siempre, convirtiendo tal cambio en una especie de comodín que no significa nada más allá de trinos de bodegas pagas con nuestros impuestos a través de las UTL del Congreso de la República.
Es histórica porque por primera vez en la historia política del país un señor que habría llegado a la presidencia con dineros del narcotráfico recibe lo que cosechó en la ciudadanía: decepción y odio.
Como es costumbre, se nombró una comisión con el objetivo de ir a buscar al presidente hasta la Casa de Nariño y traerlo al Congreso de la República, todo un acto prepotente que sigue inculcando el mensaje de que la política es un lujo, un privilegio elitista para unos pocos, lleno de cámaras, camionetas, escoltas y alfombras rojas. Se vivió algo que nunca las paredes de tal salón habían presenciado, se le abucheó al diminuto hombre en su entrada al recinto, le mostraron en la cara pancartas de todo lo que había causado su gobierno en los ciudadanos que juró proteger y encomendaba diariamente a la virgen: muerte.
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