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Jaime Honorio González
Puntos de vista

Los ricos también lloran

Yo creo que gano bien, aunque —la verdad— no me alcanza. Y no es que malgaste, excepto por ahí cuando voy al estadio a apoyar a mi adorado equipo. Eso sí que es botar la plata, lo acepto, pero lo hago de forma irremediable cada año y —honestamente— no creo que eso vaya a cambiar. Tampoco los resultados en la cancha. En fin.

Me gusta mucho mi trabajo, especialmente, el día del mes que me consignan. Claro que esa misma noche, refugiado en un cuarto solo, completamente solo, desocupo la cuenta pagándole a mis acreedores. Los servicios públicos, los servicios privados, las cuotas de los bancos, las de los préstamos personales, las de los acuerdos de pago, los intereses, hasta los injustos y desmedidos gastos de cobranza que se inventaron ahora, en fin, todo, todo hasta que se acaba lo ganado. Sigue siendo una gran sensación esa de poder cumplir cada uno de los compromisos adquiridos.

Voy colgado en algunos, un par con proceso ejecutivo de por medio, pero nada que no se pueda solucionar. Aunque soy abogado, a la hora de las consultas jurídicas me han sobrado asesores. Esa sí que es mi riqueza, la de tener siempre a la mano alguien a quien preguntar y obtener una respuesta.

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