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Helena Urán Bidegain
Puntos de vista

¿Quién recordará el horror de la masacre?

Hace unos días estuve, por primera vez, adentro de la nueva edificación del Palacio de Justicia de Colombia –invitada a una reunión por el presidente de la Corte Suprema, Aroldo Quiroz Monsalvo y Fernando Castillo Cadena, su vicepresidente–, y recordé que de niña había estado en el edificio anterior, de la mano de mi padre, poco antes de la masacre ocurrida el 6 y 7 de noviembre de 1985. El motivo de mi visita era hablar sobre las próximas conmemoraciones de aquella toma guerrillera del M-19 y el ataque, sin rescate, del Ejército de Colombia, al edificio anterior y a la rama judicial.

Iba sin ninguna prevención o expectativa en concreto, pensando más en lo que podría traer el encuentro hacia el futuro que en los trazos de memoria –o de olvido– que iría a recorrer. No había tenido realmente tiempo para racionalizar que estaría dentro de la construcción con la que, calculadamente, se ha pretendido, por décadas, borrar la masacre de quienes allí se encontraban y el profundo debilitamiento de la institución judicial.

Fue solo cuando estuve dentro de la edificación que sentí el peso del pasado, tan frío y cortante; insistente, casi pidiendo algo de mí; mis emociones en ese momento por “estar ahí” eran confusas y desordenadas; solo era claro que todo aquello que sentía no se quedaría dentro del Palacio, que lo arrastraría conmigo algunos días más, porque necesitaba –necesito– entender qué me produce ese lugar.

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