
En el largo proceso de construir la reconciliación nacional se han dado grandes avances: el Frente Nacional que acabó con la violencia bipartidista; el proceso de paz con el M-19 en el gobierno de Virgilio Barco; y el más reciente a cargo del presidente Juan Manuel Santos que concluyó con la desmovilización de la guerrilla más poderosa en la historia de Colombia.
Aun así, no todos los intentos de paz han sido igualmente exitosos. Pocos colombianos tan comprometidos con la búsqueda de la paz como Belisario Betancur, pero igualmente pocos esfuerzos han fracasado tan contundentemente. Andrés Pastrana también nos volvió a demostrar que para lograr la paz no basta con el terco deseo de pasar a la historia.
De lo que se ha podido ver hasta ahora, el actual gobierno está cometiendo muchos de los mismos errores en que incurrieron los esfuerzos fracasados de Pastrana y Betancur. Petro le ha entregado al resultado de su programa de paz total, desde el inicio de su gobierno, el veredicto sobre toda su gestión. No importarán las otras cosas que haga bien por el país. Eso genera una vulnerabilidad significativa que empodera a la contraparte en la mesa de negociaciones.
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