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Sebastián Nohra
Puntos de vista

El mejor Petro de la historia

La política para el político profesional termina siendo la habilidad de usar muchas máscaras como si se tratase de la misma. Al final, la que cuenta y más nos afecta es la que usa cuando le toca gobernar y tomar decisiones. Si de Petro tenemos que hablar, es cierto que mantiene el tronco de su formación ideológica desde que militó en el M-19, pero de presidente nos ha sorprendido con su versión más pragmática. Entendió en la última campaña que su camino a la casa de Nariño suponía renuncias del país que siempre soñó y que los cambios no podía hacerlo solo con los “suyos”.

Es pronto pero pareciera que murió una parte del Petro versión alcalde o miembro del Polo, ese que así el semáforo estuviera en rojo, igual iba y se estrellaba solo con sus ideas más absurdas. Su gabinete ha sido toda una declaración de intenciones: solo eligió a dos ministros del Pacto Histórico. Prefirió darle más representación a los partidos tradicionales y tensar la cuerda con Francia Márquez y Alexander López. Le dio la presidencia del Senado a Roy y, en estricto sentido, el santismo tiene más poder hoy que la base que lo llevó en volandas a la presidencia.

Petro es consciente de que grupos económicos nacionales y extranjeros muy poderosos le temen y que necesitan señales de estabilidad y previsibilidad económica para apostarle a su gobierno. Por eso están ahí Prada, Ocampo y Barreras, viejos conocido del establecimiento, y no sindicalistas y políticos duros de izquierda cuyas propuestas son del corte del pliego de peticiones del Comité del Paro. Una cartilla que era algo parecido a un acta de defunción de las finanzas del Estado.

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