
El grande nubarrón que se alzó en la plaza de Bolívar hace cuatro años anunciaba la llegada de la tormenta. El clima inclemente que protagonizó la posesión del presidente Iván Duque era el presagio de una gigante marejada. Nos faltó clarividencia, o tal vez nos sobró optimismo, para entender que ese 7 de agosto de 2018 el vendaval arrasaría con la ilusión que para muchos significó la firma del acuerdo de paz.
Fue hace cuatro años que Ernesto Macías leía su discurso en la posesión presidencial de unas hojas con las que batallaba para que no se las llevara el viento. Debajo de un paraguas, sostenido por un policía para que el ilustre senador no se mojara, Macías declaró como salvador de la nación al presidente Iván Duque después de describir el socavón en el que, según él, se había hundido Colombia. Tristemente, cuatro años después, estamos peor en todos los indicadores vociferados por el honorable senador.
Es con hechos, se llama el cuarto libro escrito por el presidente Iván Duque en su gobierno. Y es con hechos que se debe evaluar su presidencia. Porque más allá de su desaprobación histórica, si algo caracterizó su mandato fue la falta de significado de sus anuncios, el vacío de sus palabras y la ridiculez de sus eufemismos.
Artículo exclusivo para suscriptores
Suscríbete para acceder a todo nuestro contenido.
SuscribirmeLea los comentarios














