
«Sufrí mucho cuando esa gente llegó. Me cogieron, me amarraron, me violaron, me metieron una media en la boca. Yo los agarraba a puños, entonces sacaron un cuchillo y me chuzaron la espalda. Ahí me quedó la seña pa’ toda la vida. Como a los cuatro o cinco días mataron a mi marido, porque él los enfrentó. Le mocharon la nuca. Yo estaba en mi casa, lavando la ropita. Tenía los niños pequeñitos. Me dijeron que era una guerrillera. Me llevaron fuera de la casa y creí que me iban a matar» Es el testimonio de Sandra, una campesina de Yarumal, Antioquia, víctima de los paramilitares. Su historia está consignada en el Informe Final de la Comisión de la Verdad.
Este y los otros relatos que se encuentran en dicho informe merecen ser divulgados, no solo para conocer qué pasó en Colombia durante más de 50 años de conflicto, sino para no repetir esa dolorosa historia y poder avanzar hacia la reconciliación. Sin embargo –fiel a su actuar de ponerle palos en la rueda a la paz–, el Centro Democrático puso el grito en el cielo cuando Alejandro Gaviria anunció que se haría una socialización en los colegios y escuelas del país.
Rápidamente la palabra adoctrinamiento se hizo tendencia. El expresidente Uribe calificó la iniciativa como: “Un desafío para crear más odios con mentiras y verdades a medias”. Desde la cuenta de Twitter del partido también hubo pronunciamiento: “El próximo ministro de educación quiere promover una agenda educativa que atenta contra la libertad, adoctrina y modifica el pensamiento de las nuevas generaciones”.
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