
Una de las ideas más novedosas que ha ido soltando Gustavo Petro a cuentagotas es la de “los diálogos regionales vinculantes”. Se trata de una iniciativa que a primera vista luce atractiva cuando se presenta como un mecanismo para escuchar a las comunidades en las regiones y solucionar sus conflictos. Pero que se oscurece tremendamente cuando se agrega que serán diálogos “vinculantes”. ¿Qué significa realmente que vayan a ser “vinculantes”?
Un diálogo es “vinculante” cuando sus conclusiones resultan obligatorias; cuando lo que allí se decida se impone sobre las demás instituciones; y cuando sus consensos resultan superiores a las normas vigentes que deben plegarse ante los dictámenes de estas asambleas tumultuarias.
Llevados a sus extremos, los diálogos sociales “vinculantes” pueden terminar vaciando de contenido la democracia representativa que es la que toma vida a través de las leyes.
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