
“Me enoja cuando eres de izquierda y no puedes hablar de Venezuela o Nicaragua”, dijo el presidente de Chile, Gabriel Boric. El comentario generó titulares en medios; más aún, en los que tienen una línea conservadora o de derecha.
Pero en Colombia, muchos medios —incluida esta revista— fueron más allá y dieron a entender que se trataba de una indirecta al presidente Gustavo Petro por no haber estado presente en la votación de la Organización de Estados Americanos (OEA), para condenar las violaciones a los derechos humanos por parte del régimen de Daniel Ortega, en Nicaragua. El análisis y conclusión además de flojo, de fomentar la errada idea de que todo gira en torno a Colombia, es tendencioso y peligroso ante la opinión pública.
No solo porque ya el canciller Álvaro Leyva explicó en detalle las causas de la ausencia de Colombia en la votación y dejó muy claro en su conversación con el periodista Daniel Coronell () cuál es la postura del gobierno actual frente a las profundas violaciones de los derechos humanos (DDHH) y la fractura de la democracia en Nicaragua —algo que el gobierno chileno también conoce— sino porque además en tales “análisis” (para mí, irresponsables) no se hace, en cambio, mención a los dobles estándares de parte del secretario general de la OEA, Luis Almagro, que son ya bien conocidos en toda la región.
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