
De los proyectos de reforma agraria de la administración de Gustavo Petro nos venimos informando a pedazos. Hay que seguirles sin embargo la pista con paciencia, pues están animados de un propósito plausible: El presidente ha dicho que la reforma agraria que quiere ejecutar es la que quedó consagrada en el punto número uno de los acuerdos de La Habana.
Hay que recordar, eso sí, que el punto número uno de los acuerdos de paz que se celebraron con las Farc en La Habana no solo tratan de la distribución de tierras. Son un paquete muy ambicioso de diez programas asociados al desarrollo rural, que se ocupan de objetivos tan diversos como los emprendimientos de riego y drenaje, vías terciarias, educación para el campo, semillas, investigación, asistencia técnica, vivienda rural, y formalización mediante titulación de la propiedad agraria, entre otros.
La reforma agraria del siglo XXI no se entiende solamente como una simple distribución de tierras “peladas” como era lo tradicional, sino como la dotación de bienes públicos para la ruralidad, sin los cuales la sola tierra no sirve de gran cosa.
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