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Weildler Guerra
Puntos de vista

Desconsiderados

Las violentas acciones ocurridas durante el paro de taxistas en Bogotá muestran la ausencia de toda consideración hacia los otros ciudadanos. El principal aeropuerto del país afectado en sus operaciones, miles de pasajeros frustrados, vehículos destruidos, agresiones físicas a otros taxistas y a las personas que transportaban es el balance de una destructiva jornada de protestas. Una mujer sale de un auto con la cabeza ensangrentada por las piedras que le arrojaron de manera inmisericorde los conductores enardecidos. Todo ello por el enorme pecado de querer asistir a su trabajo en un centro hospitalario. En Colombia el valor de la consideración parece haber dejado de existir. El legítimo derecho a la protesta, que da la posibilidad de reunirse y manifestarse pública y pacíficamente, se está confundiendo con un supuesto derecho al bloqueo y a la ejecución de toda suerte de acciones violentas.

El antiguo y sencillo valor de la consideración ha caído en desuso justo en el momento en que más se necesita. La consideración implica, entre sus variadas acepciones, el tener un concepto elevado de alguien y tratarlo de acuerdo con él. La consideración no se otorga solo a individuos, sino que se extiende a grupos o colectividades. De una familia carente de riquezas materiales, pero socialmente valorada por la conducta de sus miembros, podía decirse con justicia que era una familia considerada. Este valor conlleva elementos de reflexión, pues considerar algo es analizarlo con atención de manera que la consideración no se concede de forma ligera e inmerecida. Conlleva, además, la estimación del otro y una dosis de altruismo para pensar en su situación y actuar solidariamente.

La desconsideración, por el contrario, está ligada al máximo egoísmo. Ser desconsiderado es actuar con desentendimiento del bienestar ajeno. Es la incapacidad de alegrarse o padecer con el otro, desestimar sus propuestas y menospreciar sus valores. Podemos encontrar la desconsideración en el comportamiento del ciudadano que ejerce la violencia acústica sin importarle el bienestar y aun la salud del vecino, en aquel que obstruye la vía con su vehículo de una manera indolente o en el que confunde un cajero automático con un confesionario y lo ocupa por un tiempo excesivo ante la cola de angustiados usuarios que también desean acceder a ese servicio.

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